Franklin Zepeda, ‘Chileno Sustentable 2020’: un emprendedor con compromiso por el planeta

Fuente: Bio-Bio

Franklin Zepeda es uno de los cientos de chilenos que ya forman parte de Reacciona por el Clima, un programa de acción climática que busca integrar a la ciudadanía en la lucha contra el cambio climático y la crisis ambiental. Esta campaña es impulsada por la Unión Europea, el Ministerio del Medio Ambiente y fiiS, y Radio Bío Bío es media partner, por lo que está compartiendo una serie de entrevistas, información y contenidos en el marco de este programa.

La noche del jueves 10 de diciembre se dieron a conocer los ganadores de los Premios Natida “Chileno del Año”, que buscan reconocer a los mejores exponentes nacionales en diversos aspectos. El “Chileno Sustentable” de este año es un iquiqueño de 41 años: Franklin Zepeda.

De profesión ingeniero comercial, tiene además un Diplomado en Economía Circular de la Universidad de Catalunya; otro en Moda Sustentable de la Universidad de Copenhague; otro más en Control de Gestión Gerencial de la Universidad de Chile; y, por si fuera poco, tiene un Máster en Dirección de Marketing de la Universidad de Barcelona.

Se describe como un emprendedor innato. Y lo ha demostrado a través de la creación de empresas con foco en la sustentabilidad y el reciclaje: fundó Ecofibra, empresa que fabrica paneles de aislación térmica a partir de ropa usada, y Bio-Pedic Recycling, que se dedica a construir prótesis y órtesis a partir de las bolsas reutilizables que comúnmente vemos como sustentables, pero que están hechas de plástico y que de a poco también se han ido transformando en basura cuando se rompen y dejan de ser útiles.

Los inicios de Franklin Zepeda fueron en empresas del rubro tecnológico. Hasta el 2014, trabajó en LG Electronics: se desempeñaba como ‘Country Manager’ (el ‘mandamás’ de la región) para los mercados de Bolivia y la Zona Franca (Iquique y Punta Arenas).

Por su conocimiento y experiencia con ellos, se le acercaron empresas importadoras de ropa usada: querían aumentar sus ventas en el país vecino. Y fue así como Franklin tuvo sus primeros acercamientos a la industria textil y comenzó a darse cuenta del gigante problema que se acumulaba por toneladas en vertederos ilegales de la Región de Tarapacá: cerros de ropa usada que era descartada por los importadores al no servir para la venta.

Un desierto de ropa

Iquique es el principal puerto de acceso de ropa usada no solo de Chile, sino también de Latinoamérica. Franklin explica que “Chile es uno de los pocos países que acepta el ingreso de ropa usada”, ya que por razones sanitarias o de protección a la producción textil local, no está permitido en otros países del continente.

Como las importaciones se realizan por grandes fardos de ropa, hay muchísima que no sirve realmente para la venta y se transforma en basura. “Me di cuenta de que eran muchos los residuos que se generaban. Un dato duro de Zofri: el año pasado ingresaron 59 mil toneladas de ropa usada, y de eso, aproximadamente 39 mil se transformó en residuo textil”, cuenta.

Y lo complementa con una visualización alarmante: “Nosotros, solo con los residuos que se generan acá en Tarapacá, de Zofri, podríamos dar dos vueltas al planeta. Solamente con la ropa de acá”.

“La industria textil es la segunda más contaminante de planeta, la que está en estrecha relación también con la contaminación de las aguas, las emisiones de CO2, la contaminación de las napas subterráneas”, dice.

Por eso, en su región el problema es particularmente complejo: “es grave en Chile, pero especialmente en Tarapacá, porque es una zona chica donde se genera mucho residuo textil”. Franklin explica que la ropa no puede recibirse en vertederos comunes, porque no permite la compactación del suelo. ¿Qué ocurre entonces con toneladas y toneladas de ropa usada que no se puede vender? La queman o llega a estos vertederos ilegales: cerros de ropa que se han ido acumulando en el desierto de Atacama.

Con este problema a la vista, Franklin ofreció asesorar a las empresas importadoras de ropa usada para que generaran menos desecho textil, a través de una mejor selección de lo que se trae a Chile. Pero esta industria es rentable precisamente porque compran por grandes toneladas a precios muy baratos: a mayor volumen, mayor ganancia y, como consecuencia, mayor residuo.

“La solución está en no traer basura. Pero no traer basura implica pagar más”, dice. En otras palabras: el modelo de negocio de esta industria considera la importación de toneladas de basura textil.

Sin embargo, una de las 250 empresas importadoras de ropa usada de la Zofri, de origen búlgaro, decidió darle una oportunidad al planeta y confió en este ingeniero para reducir sus desechos. Franklin Zepeda viajó a Alemania para aprender sobre el tema del manejo textil y volvió a Chile con ideas sobre qué hacer con este enorme y pesado problema textil.

Ecofibra: aislando el desecho

Una vez de regreso, el iquiqueño tomó ideas que había visto en el extranjero y las quiso aplicar en Chile. Tardó varios años en desarrollar el proyecto: se asoció con 2 amigos arquitectos, consiguieron inversión, e incluso ganaron un concurso de Zofri, cuyo premio les permitió invertir en la maquinaria para crear la planta. Así nació Ecofibra: una empresa que recicla los residuos textiles y los transforma en paneles de aislación térmica.

Franklin cuenta que lo más complejo al principio fue presentar esta idea disruptiva y novedosa a instituciones y al mercado. Relata que una vez el director de una institución “nos cerró la puerta en la cara, porque nos dijo ‘pero cómo van a trabajar con basura, esto no va a ir para ningún lado’. Y se paró y se fue, nos dejó hablando solos”.

Hace 6 años, poco se hablaba de economía circular o de reciclaje. Las empresas constructoras también se mostraron desconfiadas y planteaban preguntas e inquietudes. Pero lejos de desanimarse, el emprendedor tomaba esto para hacer crecer su proyecto: “eso mismo nos iba dando la respuesta a cómo teníamos que desarrollarlo y cómo teníamos que presentarlo”.

Tuvieron otra barrera: el alto costo del líquido ignífugo, que impide que el panel se incendie. También lo resolvieron, creando el suyo propio a un precio inferior, y demostrando su efectividad y seguridad.

Con eso pudieron sacar un producto al mercado de alta calidad: un panel de aislación térmica ignífugo, hidrofóbico, con aislación de ruido y mejor conductividad térmica que la fibra de vidrio o el plumavit, según Franklin.

Y cuenta que la “guinda de la torta” es que es 70% más barato que los productos de la competencia: “La aceptación es un 100%, pero tienes que primero sacarles todos los mitos que tienen en su cabeza: olvidar todo lo que conocían de aislación térmica para que recién nos escuchen y nosotros poder presentarles el producto”.

Hoy, Ecofibra funciona en un galpón de 500 metros cuadrados, además de un centro de acopio de residuo textil de 5000 metros cuadrados, en el que han recibido hasta 15 toneladas de ropa en un solo día. “Estamos dentro de los mejores con nuestro producto. Y eso fue resultado de la perseverancia”, asegura.

Agrega que “ahora muchas empresas se están preocupando por el desecho textil, entonces éste es nuestro boom. Éste es el momento donde ya estamos más maduros, y donde llevamos muchos años de ventaja a empresas que tal vez quieran hacer lo mismo”.

Ecofibra seguirá creciendo: están en conversaciones con empresas de retail para posicionar su producto en grandes tiendas, y también con una cadena mundial de fabricación de ropa para implementar un proyecto de economía circular con ellos.

Además, dice que “estamos comprando más maquinaria, que nos debe llegar pronto, para poder irnos al mercado de Santiago”. Por su compromiso con la sustentabilidad, explica que “no queremos vender desde Iquique hacia Santiago, por el tema de la huella de carbono. No queremos trasladar estos paneles para allá […] para resolver eso, nos estamos instalando en Santiago y en Concepción. Para acopiar, producir y vender allá”.

Cabe destacar que este proyecto tiene otro impacto medioambiental positivo: las construcciones con buena aislación térmica son más sustentables porque requieren menor gasto energético para ser calefaccionadas en invierno.

Bio-Pedic Recycling: reciclaje con impacto social

El “Chileno Sustentable 2020” tiene además otro proyecto destacable en materia de cuidado del medio ambiente: Bio-Pedic Recycling, un emprendimiento que fabrica prótesis y órtesis a partir de bolsas de TNT (Tela No Tejida), que son las que hoy vemos comúnmente y denominamos “bolsas reutilizables”, pero que también son fabricadas con plástico y, por lo tanto, también pueden contaminar si terminan en la basura una vez finalizado su ciclo de vida.

Franklin tiene una hija de 7 años, que durante 6 estuvo asistiendo a un centro de Teletón porque presentaba algunos problemas leves para caminar. Así, Franklin conoció de primera fuente la realidad de esta institución y la necesidad de prótesis y órtesis, que son insumos de alto precio.

Un día, fue al supermercado, tomó una bolsa reutilizable y se soltó el asa (mango). Franklin pensó: “voy a tener que botarla. Pero, ¿cómo? Si yo estoy metido en el tema del reciclaje. Y la guardé”.

“Empecé a investigar, y nadie recicla estas bolsas en Chile. Y el material es polipropileno, que es plástico”, cuenta. Agrega que “son reutilizables, pero es llamada la próxima basura plástica, porque se están generando muchas de estas bolsas”.

La cortó y la guardó. Después empezó a pensar qué hacer con eso, hasta que un día se le ocurrió: “Yo veía que hacían las prótesis y usaban una lámina, pero era de fibra de vidrio, como una hojita. Son láminas como papel, pero de fibra de vidrio, como unos hilos entrelazados”, cuenta. Y se le ocurrió utilizar las láminas de la bolsa reutilizable que había recortado.

Desarrolló algunos prototipos cuadrados para evaluar la dureza, y le presentó a algunas personas de Teletón el material, sin decir de qué estaba hecho. Tuvo una recepción positiva, y fue así como se lanzó y empezó a fabricar prótesis y órtesis que, dice, tienen la misma dureza y movilidad que las existentes en el mercado.

“Una órtesis de pierna cuesta $1.800.000, y nosotros la estamos vendiendo en 85.000 pesos. Nos estamos dedicando a hacer prótesis y órtesis para los niños de escasos recursos, especialmente para los niños de la Teletón, que no tienen acceso a comprar algo tan caro”, cuenta.

A través de notas de prensa, llegaron a oídos y ojos de un chileno que vive en California, EEUU, y que se convertirá en el próximo inversionista de la sociedad.

Y su espíritu emprendedor no se agota: “Nos dimos cuenta que con las bolsas de comida de mascotas, que son de plástico 7, también podemos hacer prótesis, pero para las mascotas”, relata.

Chileno Sustentable 2020

Con estos emprendimientos, no es de extrañar que Franklin Zepeda haya sido reconocido este año como “Chileno Sustentable” por los Premios Natida. Su antecesor en este galardón fue Gonzalo Muñoz, el Campeón de Alto Nivel de la COP25.

“Estamos haciendo proyectos de impacto a nivel nacional y latinoamericano. Nos hemos convertido en los mayores recicladores textiles de Chile. Es un problema grave, el tema de las bolsas también”, dice Franklin. En sus palabras, este emprendedor sustentable da crédito a su equipo completo: “yo creo que bien nos merecemos el premio, porque estamos haciendo varias cosas con el medio ambiente”.

Pese a todo los esfuerzos que hace a través de sus emprendimientos, reconoce que el problema de la crisis ambiental es severo. Franklin hace mención a la denominada “moda rápida” (fast fashion en inglés) y a la obsolescencia programada, que en el mercado textil implica que cambiemos nuestra ropa no porque lo necesitamos, sino por la tendencia impuesta. “Venden una moda que es corta: antes había 4 lanzamientos de moda, por cada estación del año. Ahora venden 52 tipos de ropa por las 52 semanas que tiene el año”, explica.

Esto implica que personas también generen residuos textiles domiciliarios, incluso de ropa que está nueva o en buen estado aún. Comenta que “el tema del residuo textil no está en la Ley REP, y recién se están preocupando […] Si no paramos la importación, si no paramos la generación de ropa, el reciclaje no va a dar abasto. Si nosotros procesamos 2 toneladas diarias, imagínate que todos los días nos lleguen 15 toneladas, que es lo que se genera acá”.

Franklin hace un llamado a hacernos cargo de nuestros consumos y acciones: “Mucha gente dice ‘luchemos por el planeta, salvemos el planeta’. Pero como vamos, al ritmo que vamos, como estamos contaminando, ya no va a haber planeta. Entonces primero pensemos en cómo tenemos que cambiar nuestras conductas para recién ver cómo vamos a salvar el planeta. No podemos pensar en salvar el planeta si ya no lo vamos a tener”.

Por eso, Franklin Zepeda es uno de los cientos de chilenos que forman parte de Reacciona por el Clima, el programa impulsado por la Unión Europea, el Ministerio de Medio Ambiente y fiiS que busca crear la red de acción climática más grande de Chile. Conoce más iniciativas y acciones por el planeta en www.porelclima.cl y suma la tuya para participar por un viaje a la COP26 en Glasgow, Escocia.

Nota original aquí 

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